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Matanza de estudiantes en Ayotzinapa, México: Testimonio de sobreviviente

lunes, 13 de octubre de 2014



Miles de jóvenes y sociedad civil marcharon en casi todo el país en protesta por el cobarde asesinato de normalistas de Ayotzinapa. Salieron en ciudades como Xalapa, el Distrito Federal, Tepic, Culiacán, Puebla, Saltillo, Chilpancingo, Oaxaca, Guanajuato, Cancún, Chiapas, Durango, Aguascalientes, Zacatecas, Jalisco, Morelos, Michoacán y algunas ciudades del mundo.

EN EL MUNDO

Ciudadanos en Berlín (Alemania), Madrid (España), Buenos Aires (Argentina) y La Paz (Bolivia) también se manifestaron a favor de los estudiantes. Además, en Barcelona, San Francisco, Nueva York, Los Angeles, Montreal y Londres.

XALAPA

Miles de estudiantes de la Benemérita Escuela Normal Veracruzana, a quienes se sumaron jóvenes de la Universidad Veracruzana, asociaciones civiles y padres de familia, partieron vestidos de negro y con una flor blanca en las manos para externar su solidaridad con los familiares de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Al grito de “vivos se los llevaron, vivos los queremos”, “ojo por ojo, diente por diente, gobiernos asesinos la cuenta está pendiente”, “Ayotzinapa vive, la lucha sigue”, los xalapaños marcharon la tarde de este miércoles por las calles, a pesar de la lluvia, y lanzando consignas.

Se dieron cita a las 4 de la tarde en la Escuela Normal Veracruzana, caminaron sobre la avenida Xalapa en una escena impresionante dada la multitud, se dirigieron sobre la avenida veinte de noviembre y se encaminaron a la Plaza Lerdo de Xalapa.

Por la calle de Lucio, y acompañados por la banda de guerra, los normalistas repudiaron: “gobierno fascista que matas normalistas”.

“No estamos todos, faltan los muertos”, gritaban.

Sin embargo, “Ayotzinapa está presente”, coreaban las miles de personas en Xalapa quienes llevaban también las fotografías de los normalistas caídos en Guerrero.

La marcha, pacífica, arribó cerca de las seis de la tarde, se instaló primero frente a Palacio de Gobierno del Estado para gritar: “de norte a sur, de este a oeste, seguiremos esta lucha cueste lo que cueste”.

“Únete pueblo, pudo ser tu hijo”, gritaban los estudiantes y padres de familia a quienes, desde la banqueta, miraban y escuchaban el coraje de los jóvenes tras la masacre de estudiantes normalistas de la Normal rural de Ayotzinapa, Guerrero.

En un mitin realizado en el centro histórico de la capital veracruzana, los normalistas veracruzanos exigieron la aparición con vida de sus compañeros de Guerrero. Sin embargo, recordaron las versiones de ejecución de 17 de ellos, por órdenes un sicario de la agrupación delictiva Guerrero Unido, tras la orden de detención de los normalistas hecha por un funcionario de Iguala, y que en días recientes, en fosas clandestinas se hallaron 28 cuerpos calcinados cuya identidad no se ha confirmado.

Tras recordar los hechos, los presentes guardaron un minuto de silencio por las víctimas, por el duelo de un país que nuevamente ha visto caer a sus estudiantes.

“Ayotzinapa aguanta, Xalapa se levanta”, corearon en la Plaza Lerdo, con la exigencia de "justicia, justicia".



MARCHAN EN EL ESTADO


El Movimiento Magisterial Popular Veracruzano marchó por calles de la ciudad de Veracruz para protestar por el asesinato de normalistas de Guerrero.

Sandra Marcela Espinosa Salamanca, dijo que en Veracruz también han sido amenazados de manera anónima cuando efectúan protestas por lo que exigieron al gobierno una verdadera solución a la inseguridad en el estado y país.

“Hacerle ver al gobierno, a la ciudadanía que todos estamos con un dolor, con un sentimiento. Nosotros también fuimos normalistas y nos han estado apaliando y no es justo que vivan esta situación los compañeros. Ha habido muchas amenazas en diferentes movimientos que hemos hecho. Hemos sido acosados, llamados por teléfono, hemos tenido marginaciones y realmente hemos tenido una serie de atropellos solo porque nos manifestamos y decimos la verdad de lo que pasa”.

Exigieron un alto a la inseguridad que impera en el país pues lo que pasó en Guerrero podría replicarse en otras partes de la república.

“Nunca sabe uno de donde viene una amenaza, siempre ocultan. Son anónimos, hay situaciones en que algunos compañeros les han amenazados por teléfono, es sobre las manifestaciones que se realizan. Son anónimos, no podemos decir de quien vienen pero necesitamos que el gobierno atienda esta situación, no podemos seguir así”, comentó.

En la marcha participaron también simpatizantes de partidos políticos y estudiantes; partió del Tranvía del Recuerdo, pasó por la avenida Independencia, el zócalo, la macro plaza del Malecón y el bulevar hasta llegar a Plaza de la Soberanía.

“Esta convocatoria está a nivel nacional, al mismo tiempo en diferentes puntos. Aquí en el estado en Córdoba, Coatzacoalcos y otras ciudades, no a la misma hora pero sí desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche se fueron desarrollando. Ha habido muchas amenazas en diferentes movimientos que hemos hecho. Hemos sido acosados, llamados por teléfono, hemos tenido marginaciones y realmente hemos tenido una serie de atropellos”.

Los manifestantes repudiaron a todas las estructuras de gobierno que tengan nexos con el crimen organizado.

MARCHAN ALUMNOS CORDOBESES POR CASO NORMALISTAS

Estudiantes de diversos planteles de la región centro marcharon este día por diferentes puntos de la ciudad de Córdoba para reprobar la inseguridad que priva en la región. Acusan al Gobierno de la República de indolente y discriminante ante los problemas que enfrenta el país.

El centenar de escolapios, algunos de ellos identificados como estudiantes de la ESBAO, surcó la Avenida 11 y concluyó su protesta frente al Palacio Municipal, en donde mostraron sus pancartas y gritos de consigna en contra la inseguridad que vive México.

Los alumnos mencionaron que han recibido llamadas telefónicas tanto a sus números celulares como de casa, en donde intentar extorsionarlos con altas cantidades de dinero, a cambio de no ser privados de su libertad.

Algunos de ellos marcharon cubiertos del rostro, pues aseguran temer por su integridad física tras los reprobables hechos ocurridos en Ayotzinapa, Guerrero, en donde fueron asesinados 23 normalistas presuntamente a manos de la policía.

Afirmaron que las protestas estudiantiles intentan ser censuradas con hechos de violencia que son en cierta manera relacionadas con la lucha antinarco que tiene el gobierno mexicano.

Mediante pancartas, los bachilleratos incitaron al presidente de la república Enrique Peña Nieto y al gobernador Javier Duarte de Ochoa a resolver la grave situación que enfrenta Veracruz, toda vez que aseguran, a diario hay balaceras o desapariciones forzadas relacionadas con hechos delictivos.

PROTESTAN EN ORIZABA POR CASO EN AYOTZINAPA

Con una marcha por las principales calles de la ciudad, alrededor de 200 maestros y ciudadanos demandaron que se esclarezca lo sucedido con los normalistas de la escuela Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero.

La movilización, programada para las 16 horas, se inició poco después de las 16:30 partiendo de Los Arcos, en los límites con Río Blanco, de donde los manifestantes se dirigieron sobre la Poniente 7 para subir por Sur 2 hacia el palacio municipal, luego hacia la Oriente 4 para pasar por el PRI municipal y de ahí salir a la Oriente 6.

Al respecto, Ramón Tepole González, vocero de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en la zona, recordó que esta es una movilización que se realizó en todo el territorio nacional de forma simultánea para demandar la aparición de los 43 jóvenes estudiantes que fueron secuestrados por policías municipales.

“La CNTE declaró paro indefinido en Guerrero por la desaparición de esos jóvenes, de quienes se exige que sean devueltos con vida”, señaló.

Destacó que la tónica de las administraciones federal, estatales y algunas municipales es de represión y autoritarismo y en particular en este caso, organizaciones nacionales e internacionales, agrupaciones y colectivos se han unido para dar el respaldo a las familias que hoy piden que sus hijos aparezcan con vida.

En la movilización participaron, además de los maestros de la CNTE, integrantes del Sindicato Unificador del Magisterio (Suma), quienes aclararon que marchaban sin siglas unidos por esa causa.

Igualmente estuvieron presentes integrantes del Frente de Izquierda Revolucionaria, Frente Popular Revolucionario, jóvenes identificados con el movimiento Yo Soy 132 e integrantes del Colectivo Feminista Cihuatlahtolli, entre otros.

Destacó la presencia de la vendedora de elotes que en días pasados inició una huelga de hambre en demanda de que se acabe la política de persecusión y represión a los comerciantes y artesanos en Orizaba.

Los manifestantes portaron mantas con leyendas como “Violencia extrema, evidencia de un régimen en decadencia”, “Castigo a los asesinos de los estudiantes de Ayotzinapa”, “Zona indígena en manos de la delincuencia institucional”, entre otras.

MARCHAN EN TODO EL PAÍS

En Tepic, decenas de jóvenes universitarios, con flores y moños blancos, marcharon en repudio a los actos de violencia contra 43 jóvenes normalistas en Ayotzinapa, Guerrero. Exigieron que haya justicia y que aparezcan con vida; también lamentaron que no haya garantías para la libertad de expresión en ese estado. El recorrido inició en el Bulevard Tepic-Xalisco y concluyó en la Normal Superior de Nayarit, donde colocaron una ofrenda floral. Myriam Navarro, corresponsal.

En Culiacán, alrededor de 300 jóvenes de diferentes organizaciones ciudadanas e instituciones educativas marcharon por la avenida Álvaro Obregón, de esta capital, para repudiar la represión contra normalistas de Ayotzinapan, Guerrero.

En Puebla, normalistas de Tetela de Ocampo marcharon para exigir justicia en el caso de los estudiantes desaparecidos de la Normal Rural de Ayotzinapa.

En Chilpancingo, marcharon por lo menos 50 mil maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (Ceteg), normalistas, universitarios y sociedad civil.

Unos 150 estudiantes de la Escuela Normal Urbana Federal del Istmo (ENUFI) y otras preparatorias e institutos de nivel superior en el Istmo de Tehuantepec bloquean el crucero de Juchitán, Oaxaca, sobre la carretera federal impidiendo el acceso a los automovilistas.

Unos 2 mil estudiantes de la Universidad de Guanajuato y ciudadanos marcharon en la capital del estado en el marco de la inauguración del Festival Internacional Cervantino (FIC) para condenar y exigir justicia por la matanza y desaparición de estudiantes de la normal de Ayotzinapa.

Unas 300 personas se concentran a un costado de la glorieta de la Diana, en la costera Miguel Alemán de Acapulco, Guerrero. En la movilización, participan jóvenes estudiantes de la Universidad Autónoma de Guerrero, de las unidades de economía, sociología y derecho, quienes leyeron un comunicado para exigir el esclarecimiento de los hechos; además de preparatorias populares, el Frente de Organizaciones Democráticas del Estado de Guerrero, quienes claman una y otra vez: "¡justicia, justicia, justicia!"; "¡vimos se los llevaron!; "¡vimos los queremos!".

Cuatro diferentes marchas se dirigen al Zócalo de Oaxaca. Por otra parte, profesores de la sección 22 de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), anuncian que a partir del próximo 15 de octubre llevarán a cabo una caravana motorizada hacia Ayotzinapa, Guerrero.

Brindarán apoyo económico a las familias de los jóvenes asesinados, así como a los que han resultado heridos, entre ellos dos jóvenes oaxaqueños. Un tercer oaxaqueño continúa como desaparecido.

Los maestros realizaron diversos cierres carreteros en la entidad como parte de las movilizaciones en apoyo a los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa. Además, cerraron la planta de Distribución Petróleos Mexicanos ubicada en el municipio de Santa María El Tule.

En Durango, alrededor de 400 estudiantes de la escuela Normal Rural J. Guadalupe Aguilera marchan por las principales calles de la ciudad mientras las oficinas de gobierno cierran sus puertas para evitar que los manifestantes ingresen a ellas. La marcha se desarrolla en completa calma. Reporta Saúl Maldonado, corresponsal

Concluye marcha en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Alrededor de 20 mil integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) realizaron esta tarde una marcha silenciosa en esta ciudad “en señal de dolor y coraje” y por la demanda de “justicia verdadera”, por el asesinato de estudiantes normalistas de la Escuela Rural Normal de Ayotzinapa, Guerrero.

Al llegar al centro de la ciudad el contingente, en el cual se pudo distinguir al Comandante Tacho, dio vuelta justo en la alcaldía y retornó hacia el poniente donde comenzó a las 16.20 horas.

Tras la movilización, los integrantes del EZLN regresan a sus comunidades en las diversas regiones en las cuales se encuentran los Caracoles de Oventic, La Garrucha, La Realidad, Morelia y Roberto Barrios.

Alumnos protestan frente al Monumento al Estudiante, en avenida Chichén Itzá, en Cancún, Quintana Roo. Teresa Carmona Lugo, quien perdió un hijo estudiante en la ciudad de México en 2010, pasó lista de los 43 estudiantes desaparecidos, al grito unánime de “los queremos vivos”.

Unas 500 personas en su mayoría de la Normal Rural femenil de Cañada Honda, así como de la Escuela Normal de Educación Física de Rincón de Romos, y personas de la sociedad civil que se identificaron con el movimiento en favor de la aparición de los estudiantes de Ayotzinapa, marchan por varias calles y avenidas de Aguascalientes. Desde la glorieta del Quijote, un contingente comenzó a caminar por la avenida López Mateos. Se dirigen a la explanada de la Plaza de la Patria.

Estudiantes y maestros de la escuela normal Manuel Ávila Camacho de Zacatecas, la normal más antigua del país, realizan sus labores “bajo protesta”. Colgaron una manta en la parte frontal de esa institución educativa en apoyo a los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Es la primera vez en décadas que la normal de esta ciudad se pronuncia críticamente contra el régimen gubernamental. Lo ocurrido en Guerrero, señalaron, “lo consideramos uno de los hechos más lamentables de los últimos tiempos en contra de la juventud estudiosa de nuestro país”.

En San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, integrantes del EZLN marchan de manera silenciosa para exigir justicia por el caso.

En lo que fue la primera de varias manifestaciones programadas en Jalisco, integrantes de la comunidad Indígena Sergio Barrios ubicada en Tlajomulco, salieron a exigir al gobierno federal la aclaración y aplicación de la ley a los culpables de la matanza y desaparición de los jóvenes estudiantes de Ayotzinapa.

Normalistas, organizaciones sociales y policía comunitaria de la CRAC marcharon del monumento a Nicolás Bravo al Zócalo de Chilpancingo, Guerrero, donde llevaron a cabo un mitin.

Luego de concluir la marcha de estudiantes, profesores y sociedad civil de La Montaña, jóvenes anarquistas realizaron saqueo y quema del inmueble del ayuntamiento municipal de Tlapa, Guerrero, en protesta por los hechos de violencia realizados por elementos de la policía municipal de Iguala, en contra de estudiantes normalistas el pasado 26 de septiembre.

Estudiantes de la Escuela Normal Urbana de Cuautla, Escuela Normal Rural de Amilcingo, miembros de las comunidades de Amilcingo, Ahuehueyo, Tenextepango, Huesca, Jantetelco y Tepoztlán, así como la comunidad estudiantil de la UAEM marcharon desde la universidad a la Plaza de Armas Emiliano Zapata, en Cuernavaca, Morelos.

En Salina Cruz, Oaxaca, unos 5 mil trabajadores que pertenecen a la sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) bloquearon a primera hora los tres accesos de la refinería Antonio Dovali Jaime en el puerto de Salina Cruz.

A esta manifestación se unieron integrantes de las organizaciones como el Frente Único de Lucha (FUL), la Asamblea Popular en Defensa de la Tierra y el Territorio y la Asamblea Comunitaria de Álvaro Obregón.

Los mentores oaxaqueños se concentraron en los tres accesos de las instalaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex), y colocaron lonas entintadas de azul y rojo para repudiar las acciones de violencia que viven los normalistas de Ayotzinapa y también para exigir castigo a los culpables.

En Morelia, Michoacán, más de mil maestros de la Coordinadora nacional de Trabajadoras de la Educación (CNTE) y alumnos de las ocho normales de la entidad, bloquearon por la mañana los accesos carreteros al Recinto Portuario, en la parte colindante con la Autopista Siglo 21.

EXIGEN NORMALISTAS DEL ISTMO BÚSQUEDA DE SUS COMPAÑEROS

Alumnos de la Escuela Normal Urbana Federal del Istmo (ENUFI) de Ciudad Ixtepec y estudiantes de nivel medio superior y superior marcharon la tarde de este miércoles en la ciudad de Juchitán como parte de la convocatoria nacional de protesta por los hechos de violencia contra normalistas registrados en Iguala, Guerrero.

La vocera de los normalistas de la ENUFI, Guadalupe Jiménez Santiago, señaló que con esta participación muestran su solidaridad con las familias de los normalistas desaparecidos y se suman a la exigencia para que los busquen y presenten con vida.

CIERRAN FACULTAD DE HUMANIDADES UV POR CRIMEN DE NORMALISTAS

Esta mañana, la Unidad de Humanidades de la Universidad Veracruzana (UV) fue cerrada como protesta por el asesinato de alumnos normalistas de Ayotzinapa, Guerrero.

Los estudiantes se sumaron a este reclamo nacional y cerraron las instalaciones, pegando en la entrada principal las fotografías de los desaparecidos y muertos encontrados en fosas clandestinas.

Luego de casi hora y media de diálogo entre los alumnos que estaban de acuerdo con el cierre de las instalaciones y los que no, decidieron que el paro de labores se dará durante 48 horas y participarán en la marcha programada para las 16:00 horas que salió de la Escuela Normal Veracruzana.

Los estudiantes incluso acordaron acudir a todas las facultades de la UV para solicitar el apoyo de los demás universitarios y que se sumen a las marchas y protestas durante este miércoles.

Los jóvenes ocuparon megáfonos para gritar que un estudiante no debería de tener miedo en un país como México, apuntando que los actos de violencia provocaron que la mirada de organizaciones internacionales a favor de los derechos humanos se concentre en todo el país por Ayotzinapa.


CON INFORMACIÓN DE NORA LIRA/ NOÉ CARRILLO/ LAURA MORALES/ LETICIA CRU

Los Justicieros de Tierra Caliente (Mihocacán), gran artículo de Verónica Calderón

domingo, 23 de marzo de 2014

Por Verónica Calderón
 
 
“No te doy mi nombre, pero ponte que soy el Maniguas para que El Chayo vea bien en donde ando y con lo que le voy a recibir cuando me venga a buscar”, relata este autodefensa en el Estado mexicano de Michoacán. / Saúl Ruiz


"Soy el Comandante Cinco”. Un hombre alto, de unos 40 años, viste una camiseta blanca y una gorra negra. Estrecha la mano con seguridad. Lo custodian decenas de hombres armados. “Mírame bien, que yo voy con el rostro descubierto”. Es el jefe encargado de Parácuaro, uno de los municipios controlados por las autodefensas mexicanas, milicias levantadas en armas contra el cártel del narco que domina la zona. Están en una mansión de 300 metros cuadrados que, cuentan, pertenecía a un sicario al que apodaban El Botas. Lleva una pistola plateada. Muestra un móvil BlackBerry. “Mira, esta es la foto que le mandé a mi familia. Aquí estoy yo con las dos que me cuidan”. En una mano empuña un estandarte de la virgen de Guadalupe. En la otra, una AK-47. Bienvenidos a Michoacán.
“En Michoacán no se mueve una ardilla si no lo ordenan Los Caballeros Templarios”. El empresario pronuncia la frase sin inmutarse, como quien dice una obviedad. Fuma un cigarro y señala a su alrededor. “Aquí están”. Es de Morelia, una ciudad de 800.000 habitantes y la capital de Michoacán, un Estado al suroeste de México que concentra el conflicto más grave que ha vivido el país en por lo menos 20 años. Y Los Caballeros Templarios son el cártel del narco que manda aquí.


El Comandante Cinco es el jefe en Parácuaro. Culpa al Ejército de negligencia por la muerte de dos jornaleros en Antúnez. “Yo he sido militar y sé que nos capacitan para resistir la presión y que no nos salgan tiros a lo pendejo”, dice.
Si un narcotraficante pudiera diseñar el sitio ideal para operar, el resultado sería Michoacán. Tiene 270 kilómetros de costa con el Pacífico. Está en línea recta con Ciudad Juárez, la principal entrada de cocaína a Estados Unidos. Su tierra, fértil, es el campo ideal para el cultivo de droga. Su zona boscosa esconde la mayor cantidad de laboratorios de metanfetamina del país. Sus pueblos, de difícil acceso, son un escondite inmejorable. Sus barrancos, profundos, el lugar idóneo para arrojar cuerpos.
En un barranco a las afueras de un sitio al que llaman Nueva Italia (cuando en realidad su nombre es Múgica, pero nada en Michoacán es lo que parece) hay unos cinco altares a la Santa Muerte. Alguien escribió en uno de ellos: “Defenderte, santísima, siempre”. El silencio es atronador. Hay unos camiones atravesados en la pequeña carretera que conduce al centro de la ciudad, de 30.000 habitantes. “Váyase por la autopista”, indica un hombre que se identifica como taxista.
Nueva Italia es un municipio controlado por las autodefensas, civiles armados que se levantaron en armas el 24 de febrero de 2013 porque estaban hartos, dicen, de los abusos de Los Templarios. Extorsiones, violaciones, asesinatos cometidos en absoluta impunidad. “Todos sabemos quiénes son, le hemos dado los nombres a la policía una y otra vez, pero no hacen nada”, comenta resignada Carmen, una mujer de unos 40 años de Antúnez, un pequeño poblado a unos 10 kilómetros de ahí. La crueldad de los sicarios llegó a tal nivel que obligaban a los pobladores a entregarles la poca comida que guardaban en sus casas para destruirla frente a sus ojos. “Les pasaban las camionetas encima”, cuenta.

La fértil tierra de Michoacán es ideal para el cultivo de droga. Sus barrancos, idóneos para arrojar cuerpos
Carmen está de negro, en el panteón. Antúnez está de luto. El pueblo entero entierra a sus muertos. Son dos. Mario Pérez Sandoval, de 56 años, que se enfrentó al Ejército, dicen sus familiares, armado con piedras y palos. Cuentan los vecinos que un militar lo mató. Y Rodrigo Benítez, un jornalero de 27 años, que había acudido a la salida del pueblo en respuesta al repique de campanas que alertó a la población de la llegada de los soldados. Una bala lo mató por la espalda en el fuego cruzado. El ambiente es de tensa calma en Antúnez. Al paso de los ataúdes la gente aplaude. Gritan a los reporteros: “Eso, cuenten eso, que lo vean allá de donde sean ustedes”.
Hace solo un día que el Ejército intentó desarmar a los autodefensas, después de que la violencia en el Estado alertara al Gobierno federal de la gravedad de la situación. Las milicias controlan ya una quinta parte de Michoacán y amenazan con avanzar a Apatzingán, la ciudad más importante de la región, e incluso a Morelia, la capital, que está a tres horas en coche del Distrito Federal.


“Claro que estoy orgulloso de lo que estoy haciendo. Esos cabrones me mataron a mi único carnal. ¿Cómo no voy a estarlo?”, relata Lalo, 20 años, en el cuartel general de los autodefensas en Parácuaro. / SAÚL RUIZ
El secretario de Gobernación mexicano, Miguel Ángel Osorio Chong, anunció en un solemnísimo acto el lunes en Morelia el Operativo Michoacán, el enésimo plan del Gobierno para intentar mitigar la violencia, que no ha reducido en por lo menos 10 años. En su discurso no pronunció la palabra maldita por los habitantes de Tierra Caliente: “Templarios”. En todo lo que va de este año, el presidente Enrique Peña Nieto, a la noche del jueves pasado y a 12 días de iniciada la crisis, no había mencionado en un discurso público la palabra “Michoacán”. En su mensaje de Año Nuevo, transmitido por la televisión nacional, ni siquiera dijo “violencia”.
“¿Dónde está el gobernador? ¿Dónde está el presidente? ¡Que vengan, que no les dé miedo!”, exclama una de las mujeres del pueblo. “Sepan que el pueblo de Antúnez está con estas personas”. Señala a la decena de hombres armados que custodian el humilde funeral. Pasean con AK-47, rifles, pistolas, escopetas. Visten una camiseta blanca con un letrero: “Policía comunitaria”. Autodefensas.
Los gritos se pierden entre sollozos. Antes que comenzara la guerra, Mario Pérez era un campesino. Era también padre de tres hijos. Dos inmigraron a Estados Unidos. El tercero, un jovencito de unos 16 años, es sostenido en hombros por dos amigos. Rodrigo Benítez, el muchacho de 27 años, era un hombre apuesto, delgado, de nariz recta y con bigote. Cobraba solo 100 pesos a la semana, apenas cinco euros. Deja nueve hermanos y una madre desconsolada. “Yo le pedí que no fuera, yo le pedí que no fuera”, repite, rota por el dolor. “Pero me dijo, mamá, ahorita vengo, no te preocupes”. Debajo de los ataúdes hay unos limones, abundantes en la zona, y una cruz pintada con ceniza.

El Ejército intentó desarmar a las autodefensas ante la gravedad de la situación
Los muertos en Michoacán se cuentan por decenas. Al mes. En 2013 murieron 990 personas: el año más violento en un Estado de 4,3 millones de habitantes que nunca ha sido tranquilo. No hay pueblo michoacano que no repita la misma letanía: “Aquí ha desaparecido gente, aquí han matado a muchos”. El sur mexicano concentra las regiones más pobres del país: Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán. “Imagina esto: un padre desempleado, con hijos veinteañeros. Y como no tienen qué comer, uno se une a Los Templarios. Invita a otro, y otro invita a otro más. Y así, decenas de miles”, reconoce un funcionario estatal.
Otros explican que el problema se debe a la tradición. Michoacán ha sido una región crucial —y convulsa— para la historia de México. Los indígenas de esta zona, los purépechas, nunca fueron conquistados por el Imperio Azteca. Su lengua es de las más antiguas del continente y no tiene relación alguna con ninguna otra de América. El purépecha, como el euskera, es una lengua aislada. El mayor periódico de la región, La Voz de Michoacán, incluye una sección escrita en purépecha.


“Queremos que haya mujeres hasta adelante”, Dice el Comandante Cinco. “Como saben, Los Templarios van a por ellas. Queremos más mujeres que lleven armas y que estén aquí, al frente”. / SAÚL RUIZ
Los ejemplos siguen. El Movimiento de Independencia, en 1810, germinó aquí. Lázaro Cárdenas del Río, el presidente que abrió las puertas al exilio español de la Guerra Civil y que expropió la industria petrolera, nació en Michoacán. En la revolución, ninguno de los grupos dominantes armados (ni el Ejército, ni los hombres de Emiliano Zapata, ni los de Pancho Villa) entró aquí. “Los rebeldes dominan Michoacán”, reza el titular de un breve publicado en The New York Times el 21 de agosto de 1919. “El territorio es dominado por las milicias de Gordiano Guzmán, que se esconde en Arteaga. El Gobierno mexicano dice que sabe en qué sitio está, pero Guzmán, de alguna manera, siempre que ha estado rodeado ha conseguido escapar”. En Arteaga, al sureste del Estado, cuentan que se esconde Servando Gómez La Tuta, uno de los principales líderes de Los Templarios. Osorio Chong ha dicho esta semana que el Gobierno tiene ubicados a unos tres jefes.
Michoacán es un hervidero de rumores. “Los Templarios están allá, en Apatzingán", dicen en Antúnez. Apatzingán es el epicentro económico y político de Tierra Caliente, Michoacán. Es la cuarta ciudad del Estado, con 80.000 habitantes. Y los sicarios han operado allí desde hace, por lo menos, ocho años. Tras la toma de Parácuaro, hombres desconocidos atacaron bancos, tiendas. Amenazaron con incendiar el mercado. La espiral de violencia obligó al Gobierno mexicano a convertirlo en el centro del operativo anunciado esta semana. El martes fue el primer día.
Helicópteros sobrevuelan la zona. Decenas de coches militares y de la policía federal transitan por las calles. Todo está cerrado. Hasta su catedral, que luce una bandera blanca con la leyenda: “Paz en Apatzingán”. El hospital solo atiende urgencias. Don Celestino, un hombre de unos 50 años, vende fruta en la puerta. “Dicen en mi pueblo que si no tengo miedo, pero yo lo que tengo es hambre”, cuenta. Un militar muy joven, que dice que es de Chiapas, está a unos pasos. “Yo es que con todos quedo mal. Los autodefensas dicen que protejo a Los Templarios, y Los Templarios que a los autodefensas”, dice.

En 2013 murieron 990 personas. En la zona se repite esta letanía: "Aquí han desaparecido a gente"
La economía de Apatzingán está prácticamente destruida. Los pequeños empresarios han organizado tímidas manifestaciones para denunciar la situación. Todos cuentan que los narcotraficantes les cobran cuota: extorsión. Varía, pero suele rondar el 10% de sus ganancias. El estado de sitio de facto al que los narcotraficantes han sometido a la ciudad ha causado desabastecimiento de gasolina, gas butano, alimentos... Hasta Coca-Cola, una compañía famosa por distribuir sus productos en los lugares más recónditos del mundo, ha suspendido algunas veces sus repartos en Apatzingán. Los asesinatos y las desapariciones ya no son noticia. “Si esto ha pasado aquí desde hace años, ¿por qué vienen hasta ahora?”, pregunta un vendedor de helados.
“Estamos en guerra. Y digo estamos porque yo estoy con las autodefensas y estoy, con mi pueblo, en guerra contra ellos”, relataba en septiembre María Mariscal Magaña, regidora de Buenavista Tomatlán, un municipio a unos kilómetros de Apatzingán. Era una mujer esbelta, morena, de ojos grandes. “Las amenazas llegan de todos lados, pero no vamos a dar marcha atrás”. Siempre “nosotros” y “ellos”. Contaba que los jornaleros huían por decenas, aterrorizados. De 200 mexicanos que intentaron entrar a EE UU por Tijuana en agosto de 2012, 44 eran de Buenavista.


La Corunda cultivaba zarzamora en el poblado de Los Reyes, bastión de Los Caballeros Templarios. Huyó de su pueblo una noche escondido en una grúa porque fue acusado de pasar información a los autodefensas. / SAÚL RUIZ
Un sicario la había amenazado. La acusó de manejar una cuenta de Facebook vinculada con las autodefensas. Ella lo negaba. “Yo tenía una, pero ya la cerré”. Decía que el hermano de ese sicario llamó a su hermana, que vive en San José (California), y le dijo que le advirtiera a la regidora que “le bajara”. Mariscal afirmaba que su hermana le había pedido que se fuera a vivir con ella. “Además, estoy embarazada”, añadía. Desapareció el 10 de diciembre de 2013. La última vez que la vieron fue en Apatzingán.
Mariscal marchaba a un costado de José Manuel Mireles, el líder del movimiento, el 26 de octubre de 2013. Ese día Mireles encabezó una manifestación pacífica para pedir la expulsión de Los Templarios. Entraron y se detuvieron frente a la alcaldía de la ciudad. Les respondieron con tiros y granadas. Nadie resultó herido de milagro.
Mireles sufrió un accidente el sábado 4 de enero, el mismo día de la toma de Parácuaro. El domingo 12 recibió el alta y está en un sitio desconocido, supuestamente cercano a la Ciudad de México. “Deseamos su pronta recuperación, doctor Mireles”, dice la pancarta que sostienen tres mujeres en el centro de Parácuaro. Las autodefensas han reunido al pueblo para informarles del anuncio del Gobierno. La entrada al pueblo es custodiada en todo el tiempo por guardias comunitarios.
El Comandante Cinco les pregunta: “¿Están contentos de que estemos aquí?”.
Cientos responden al unísono: “¡Sí!”.
Pregunta: “¿Quieren que nos vayamos?”.

“Esto es un polvorín y tiene la mecha muy corta”, cuenta una fuente del Gobierno estatal. “Hay al menos 15.000 hombres armados en todo el Estado”, reconoce
De nuevo, todos: “¡No!”.
“Esto es un polvorín y tiene la mecha muy corta”, cuenta una fuente del Gobierno estatal. “Hay al menos 15.000 hombres armados en todo el Estado”, reconoce. “Lo del lunes salió barato para la tensión que hay aquí”. Se refiere a los dos muertos de Antúnez. “Pudieron haber muerto decenas”. Los Templarios, afirma, tienen presencia en los 113 municipios de Michoacán. Hay siete líderes. Entre ellos Nazario Moreno, El Chayo, un hombre al que el Gobierno de Felipe Calderón presumió de haber matado en diciembre de 2010 y que, se cree, está vivo en Apatzingán. El rumor se ha propagado en el país hasta hace pocos meses. En Michoacán desmentían su supuesto asesinato a los pocos días del pomposo anuncio de Calderón.


El Tortuga es del poblado de Terrero, a unos pocos kilómetros de Parácuaro. Pide ver las imágenes y se muestra orgulloso de estar ahí. “Mándame las fotos por Whatsapp para que las vea mi morra”. / SAÚL RUIZ
El Gobierno no ha informado de la muerte de los autodefensas o sicarios en los abundantes choques que se han sucedido desde febrero de 2013. Pero en Parácuaro cuentan que los hay, y muchos. “Solamente el sábado matamos a 16 [templarios]”, se jacta un miembro de las guardias comunitarias. Enseña un móvil y muestra una foto de un hombre muerto. “Y ahí los dejamos para que los animales se los coman. Allá en el cerro está el zopiloterío”. Zopilote: buitre en mexicano.
En la mansión de El Botas, convertida en cuartel de los autodefensas, los hombres y mujeres ríen y presumen, orgullosos, de formar parte del grupo. “Ándele, tómeme más fotos, que al cabo mi mamá ya sabe que estoy aquí”, cuenta uno de ellos. El Comandante Cinco saca un fajo de billetes y le entrega dos a una de las mujeres: “Vete a comprar cosas para limpiar el piso”, le indica. Explica que su financiación proviene de empresarios de la región y niegan que un cártel rival los esté apoyando. Las armas, cuenta, son trofeos de guerra. “Se las quitamos a Los Templarios que matamos”.
Un comisario de la Policía federal en la región afirma que los autodefensas “no son unas blancas palomitas” y que, en su opinión, al menos el cártel Nueva Generación, de Jalisco, está detrás de su financiación. El Comandante Cinco lo niega una y otra vez. “Eso no es verdad, esta es una región rica. Mire usted a su alrededor”. Afirma que el dinero proviene de las donaciones de empresarios y ganaderos.
Horas más tarde, el miércoles, el Comandante Cinco le anuncia al pueblo el acuerdo con el que las autodefensas han llegado, de momento, por el Gobierno. Afirma que no van a dar marcha atrás y que no entregarán las armas hasta que detengan “a todos Los Templarios”. Les pide que reciban a los federales que llegarían en unas horas al pueblo. “Pero no los vamos a dejar solos”, repite. Ese mismo día, el Gobierno mexicano anunció que había detenido a un “líder importante” de Los Caballeros Templarios. Cuando se anuncia el nombre, decepción. Nadie reconoce al detenido. “¿Y ese quién chingados es?”, pregunta el Comandante.
Es noche de luna llena. El cielo luce estrellado en medio de la oscuridad de la sierra michoacana. Los únicos destellos son los faros de los coches que pasan. En Morelia se ha comenzado a pronunciar abiertamente la palabra “Templario”. Hasta hace muy poco, por años, para referirse a los narcotraficantes decían solamente “ellos” o “los malos”. Lo mismo ocurrió en Tamaulipas, otro Estado flagelado por el narcotráfico, al noreste del país. Los tamaulipecos se refieren a Los Zetas, el cártel que domina su zona, como los del grupo de “la última letra del abecedario”.
También, en Morelia, cierta parte de la burguesía acepta en privado que simpatiza con las autodefensas. Una encuesta local calcula que el 58% de la población de Michoacán aprueba el movimiento, aunque el 46,7% no cree que su único objetivo sea restablecer la seguridad.
La capital michoacana, de 800.000 habitantes, es patrimonio cultural de la humanidad y es sede del festival de cine más importante del país. También, hasta hace muy poco, era conocida en el país solamente por su intensa actividad cultural. Pero el ataque terrorista del 15 de septiembre de 2008, cuando la población civil fue atacada con granadas por unos desconocidos, marcó un antes y un después. Murieron siete adultos y un niño. También murió la imagen apacible de Morelia.
La noche del miércoles, un grupo de desconocidos salió a la calle a dar tiros en varias carreteras de la zona. “Nos dijeron: ‘Aquí estamos”, cuenta el empresario moreliano mientras termina su café en la capital. En Antúnez, unas horas antes, un hombre de 60 años, campesino, con sandalias y la ropa manchada de tierra había gritado junto a los féretros de dos personas: “¡Queremos paz en Michoacán! ¡Paz en Michoacán! ¡Paz en Michoacán!”.

Un cirujano contra el narcotráfico

PAULA CHOUZA
Apatzingán es una ciudad de 80.000 habitantes, colindante con pueblos que suman 20.000 más, en el centro de la Tierra Caliente michoacana. Apatzingán es también, de facto, el centro político y económico de Los Caballeros Templarios, el cártel que domina la zona. El 26 de octubre de 2013 entraron a la ciudad decenas de coches, camionetas y 4×4. En uno de ellos viajaba José Manuel Mireles, un médico de unos cincuenta años, que es uno de los líderes de las autodefensas, civiles armados levantados en guerra contra el narco.
Mireles convocó a los habitantes de Apatzingán en la plaza principal. Acudieron unos cientos. Le acompañaban pobladores de las comunidades ya ocupadas por las autodefensas desde el 24 de febrero de 2013, cuando en Tepalcatepec se inició el movimiento. Justo en la comunidad en la que vive Mireles.
Cuando llegaron a la plaza, un desconocido disparó desde una de las torres de la catedral. Lanzó una granada. Mireles fue uno de los pocos que no tuvo que salir corriendo ni refugiarse bajo una cornisa. En ese momento lo entrevistaban para una radio local. Todos los negocios estaban cerrados y no había dónde meterse.
El doctor, hijo de un agricultor y un ama de casa, con los 50 años cumplidos y tres hijos, es un hombre “valiente”, presumen sus compañeros. Apuesto y de rasgos muy característicos, ojos verdes, cabello gris, bigote y 1,90 de estatura, sonríe poco, y cuando lo hace, suele ser para posar obligado en una foto, animar a sus compañeros o como cierre a un comentario amargo: “Vamos a tratar de no morir”, decía antes de la incursión a la ciudad de Apatzingán.
La lucha del doctor, como lo llaman sus vecinos de Tepalcatepec, contra el narco —él mismo fue víctima de un secuestro, a su padre le robaron propiedades y algunos familiares fueron asesinados— fue difundida en junio de 2013, cuando en otro vídeo colgado en las redes sociales afirmaba que la gota que había colmado el vaso fue que Los Templarios se llevaban a sus mujeres “y no las devolvían hasta que estaban embarazadas”.
El exportavoz del Gobierno del Estado de Michoacán, Julio Hernández, le acusó entonces de haber sembrado marihuana. Cuando este periódico pidió pruebas al Gobierno michoacano, Hernández envió un correo desde una cuenta anónima de Hotmail unos recortes escaneados de La Voz de Michoacán que, en efecto, hablan de la detención de un señor llamado José Manuel Mireles por supuesto cultivo de droga. Sin embargo, él siempre negó tales acusaciones.
La tarde del ataque a Apatzingán, el doctor mantuvo una reunión de casi tres horas con el Ejército y la Policía. Cuando por fin acordaron regresar a sus pueblos escoltados por las fuerzas de seguridad había caído la noche. “Cámbiese la camiseta. Lleva de blanco todo el día y es un objetivo fácil a muchos metros de distancia”, le dijo un militar. El doctor obedeció al instante. Después pidió a su hijo: “Llama a tu madre, anda, y dile que ya vamos a casa y que estamos bien”.

-Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/01/17/actualidad/1389987585_455506.html

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